La Cantina de la Esquina
DarkAlvaro
DarkAlvaro
Levante el vaso de cerveza lentamente y bebí un sorbo, contemple mi alrededor sin entenderlo del todo, aun perpleja por la miseria del mundo mi di cuenta de la verdad, una que de seguro sus cerradas mentes no comprenderían, pues la idea de entender todo los cegó.
Mire a mi lado y vi como él, fijaba su vista en el horizonte, tratando de ver mas allá de las murallas, pero no perduraba, rápidamente bajaba la vista y se llevaba un cigarrillo a sus labios. Al parecer algo en su mente encerraba, talvez estaba analizando lo que habíamos conversado por durante horas, abrió su boca y un humo de no muy agradable aroma se desprendió y se elevo asta las lámparas del techo de la cantina, y luego suspiro.
-¿Es acaso que este mundo perdió su magia? - Pregunto denuevo, mientras le daba a su cigarrillo unos leves golpes, para así dejar caer lentamente las cenizas de este en un pequeño platillo de cristal.
-No, no la perdió, solo ustedes la ignoraron y olvidaron, creyéndola como un acto de ignorancia la eliminaron de sus mentes. Se encerraron un sus grises murallas, en las correctas respuestas de la ciencia y el progreso, olvidando la esencia de la vida, olvidando sus razones para vivir. - Respondí tan segura como anteriormente a todas sus preguntas. - Prefirieron crear las respuestas para lo mágico de la vida, descartando como de la realidad todo aquello por lo cual la ignorancia no encontraba respuesta, creyeron ser sabios conocedores, pero solo cambiaron la cara de la moneda, ignorancia por ignorancia, a tal punto que sus vidas resultaron vacías de todo color. La llama que almintaba sus esperanzas se fue consumiendo con el tiempo, con la ansias de buscar más y mas, dejaron atrás sus vidas, solo quedaron caminando en falsas esperanzas, y poco a poco lo que fue la vida fue muriendo.
Los vasos vacíos estaban, el cenicero, ya lleno de cigarros y desde mi respuesta que palabra alguna no nacía, el cantinero se acerco, ¿Otra cerveza? pregunto mientras vaciaba el cenicero y lo colocaba nuevamente en su lugar, brillando con la tenue luz de las lámparas, que al abrirse las puertas, se balanceaban en sus cadenas. Ambos consentimos en la nueva oferta, y no tardo mucho para que los vasos llenos de un dorado líquido se asomaran. El ruido del encendedor me aviso de un nuevo cigarrillo.
-¿O es que a nosotros ella nos abandono?- Pregunto otra vez, la misma pregunta con diferentes nombres, siempre, durante toda la noche. Pensé en la respuesta, en la misma respuesta que había dado a todas sus preguntas, solo que con diferentes palabras, al igual que todo, diferentes significados para un mismo fin. Pero fui súbitamente interrumpida por el cantinero, "!Lo único que te abandono fue tu esposa!", dijo con hiriente ironía, para dar paso a una enorme carcajada, "Ya vete a tu casa, aquí no encontraras respuesta alguna, solo lograras hacerme mas rico", dijo con desprecio. Lo que fue mi acompañante, se levanto con desanimo, algo endeble, soltó unos cuantos billetes y desapareció por la puerta, así volví a la oscura soledad que desde ase años me cubre.
Yo me quede pensado en la respuesta, talvez si los siete asientos que me separaban de él hubiesen estado mas juntos él pudiera haber notado mi presencia, y talvez así pudiese haberme animado a mencionar alguna palabra, pero durante toda la noche nada dije, page la única cerveza que bebí en toda la velada con unas cuantas monedas, me levante de mi asiento, haciéndolo sonar fuertemente haber si alguien notaba mi presencia y me reconocía, pero no fue así.
Camine hacia la puerta, pude observar la nieve caer através de los cristales que la decoraban, las lámparas se movieron con el frío viento, anunciando que la puerta se abrió, sin poder distinguir si alguien entro o salio.




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